A seis años de que el brote de COVID-19 fuera declarado una emergencia sanitaria internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el mundo ha avanzado en la preparación para futuras pandemias. Sin embargo, advierte que el progreso aún es desigual y frágil.

En 2020, el organismo declaró al COVID-19 como una emergencia de salud pública de importancia internacional. Aunque esa alerta fue levantada en mayo de 2023, sus efectos siguen presentes en la sociedad. Además, continúan en los sistemas de salud de todo el mundo.

Durante la apertura de la sesión 158 del Consejo Ejecutivo de la OMS, su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que la experiencia dejó lecciones clave sobre la importancia de la cooperación global. Como dijo, “Las amenazas globales requieren respuestas globales. La solidaridad es la mejor inmunidad”.

Desde entonces, gobiernos y organizaciones internacionales han impulsado diversas iniciativas. El objetivo es mejorar la prevención y respuesta ante crisis sanitarias. Entre los avances más importantes destaca la adopción en 2025 del acuerdo internacional sobre pandemias. Dicho acuerdo establece mecanismos de cooperación para enfrentar futuras emergencias de salud.

También se han reforzado las capacidades de vigilancia epidemiológica, redes de laboratorios, formación de personal sanitario y sistemas de monitoreo de enfermedades en más de 100 países. Además, se han creado programas internacionales para ampliar la producción de vacunas, tratamientos y diagnósticos. Esto es especialmente importante en países de ingresos bajos y medios.

Otro paso relevante ha sido la creación de fondos globales para emergencias sanitarias. Además, se fortalecieron redes internacionales para el seguimiento de patógenos con potencial epidémico.

Según la OMS, estas medidas ya han mostrado resultados positivos en la respuesta a brotes recientes de enfermedades como el ébola y el virus de Marburgo. Estos brotes fueron controlados con mayor rapidez que en el pasado.

A pesar de estos avances, el organismo insiste en que aún es necesario reforzar la cooperación internacional y la inversión en salud pública para evitar que el mundo vuelva a enfrentar una pandemia sin la preparación necesaria.

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