Durante siglos, las murallas del sector norte de Pompeya han conservado un enigma arqueológico que intrigaba a los expertos. Junto a los grandes orificios circulares causados por proyectiles romanos durante el asedio del año 89 a. C., también se observan pequeñas cavidades cuadradas dispuestas en forma de abanico. Su origen había permanecido desconocido.

Recientemente, un equipo de investigadores liderado por Adriana Rossi, de la Universidad de Campania, ha propuesto una nueva explicación para estas marcas. El estudio, publicado en la revista científica Heritage, sugiere que estas cavidades podrían estar relacionadas con técnicas específicas de asedio utilizadas por los romanos.

Según los investigadores, estas pequeñas perforaciones habrían servido para insertar estructuras o dispositivos utilizados durante el ataque. Posiblemente se usaban para estabilizar maquinaria militar o facilitar el avance de las tropas. Esta hipótesis abre una nueva perspectiva sobre las estrategias bélicas empleadas en la antigüedad.

El hallazgo no solo contribuye a comprender mejor los métodos de guerra romanos, sino que también demuestra cómo detalles aparentemente menores pueden aportar información clave sobre episodios históricos. Así, Pompeya continúa revelando secretos que permanecieron ocultos durante más de dos mil años.

Un estudio de ADN cambia la perspectiva histórica sobre Pompeya