Las protestas en Irán han vuelto a ocupar titulares internacionales tras las declaraciones del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, quien aseguró que las protestas masivas son una “bendición” y un derecho legítimo de la ciudadanía.
Según el mandatario, la manifestación pacífica forma parte del progreso nacional y fortalece los cimientos de la República Islámica, destacando que en las manifestaciones hubo intervención extranjera, especialmente de Israel y EEUU.
Pezeshikian expresó en un discurso que no solo respeta, sino que celebra la crítica popular, considerando que escuchar la voz del pueblo es obligatorio para su gobierno.
Estas palabras surgen luego de una serie de manifestaciones recientes, que han captado la atención tanto de la sociedad iraní como de la comunidad internacional.
“Una bendición para corregir los asuntos y escuchar la voz de los críticos”, dijo el mandatario generando una ola de comentarios tanto a favor como en contra.
“Detestamos la destrucción, el sabotaje, matar y prender fuego. Ningún iraní toma un arma para matar a un iraní; ningún iraní incendia una mezquita; ningún iraní prende fuego a los medios de transporte y a los bienes públicos; ningún iraní pide a un extranjero que viole este país y esta tierra”.
El papel de las protestas en la política iraní
Las manifestaciones en Irán, aunque suelen estar marcadas por tensiones, han servido históricamente como una vía para que los ciudadanos expresen frustraciones y demandas de cambio.
Esta visión contrasta con la respuesta tradicional de las autoridades ante la disidencia, aunque expertos explican que, en la práctica, la tolerancia varía según el contexto político y la magnitud de la protesta.
“Ningún hombre libre pide al enemigo que venga a resolver los problemas internos. Nos sentamos nosotros mismos y resolvemos nuestros propios problemas, y estamos plenamente dispuestos a hacerlo“, resaltó.