Carme, quien perdió gran parte de la funcionalidad y la apariencia de su rostro debido a una grave infección bacteriana, ha vuelto a vivir con normalidad gracias a un trasplante facial realizado en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. La operación, realizada hace cuatro meses, marca un hito internacional: es el primer trasplante de cara hecho con tejido de una donante que había solicitado la eutanasia.

La paciente, que prefirió no revelar su apellido, sufrió una necrosis severa que afectó la nariz, la maxila y otras estructuras faciales, impidiéndole hablar, comer o respirar correctamente. “No podía hacer vida normal para nada”, relató. La intervención, catalogada de experimental, involucró a un centenar de profesionales de diversas especialidades, incluyendo cirugía plástica, microcirugía, inmunología y psiquiatría.

El trasplante incluyó piel, músculos, nervios, tejido adiposo y huesos, conectados mediante técnicas de microcirugía para garantizar funcionalidad, sensibilidad y expresividad facial. Joan-Pere Barret, jefe de Cirugía Plástica y Quemados de Vall d’Hebron, explicó que “un trasplante de cara que no se sienta y no se mueva no es más que una máscara”.

El caso de Carme también es pionero por la planificación individualizada y el uso de tecnología 3D para adaptar las estructuras óseas de la donante a la receptora, optimizando la funcionalidad del rostro. La donante, cuya identidad permanece protegida, había decidido donar su cara como parte de su disposición para eutanasia, un gesto que el equipo médico calificó como “la máxima expresión de generosidad hacia los demás”.

La paciente ya ha recuperado la capacidad de hablar, comer, beber y realizar actividades cotidianas, y asegura que su vida ha cambiado significativamente. “Puedo salir a la calle y hacer vida normal. En un año creo que estaré completamente bien, fantástica”, afirmó.

Este trasplante reafirma el Hospital Vall d’Hebron como un referente internacional en cirugía reconstructiva avanzada, tras haber realizado previamente otros hitos, como el primer trasplante total de cara en España y el primero procedente de un donante en asistolia controlada.

El éxito de la intervención refleja no solo los avances técnicos y quirúrgicos, sino también la importancia de la evaluación psicosocial del receptor, la compatibilidad médica con la donante y la planificación minuciosa para preservar la identidad y funcionalidad facial del paciente.

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