Un grupo de científicos ha logrado identificar y recrear el aroma de un antiguo bálsamo utilizado en la momificación de una noble egipcia que vivió hace 3.500 años. El estudio fue publicado en la revista Scientific y se ha bautizado como el “aroma de la eternidad”.
Los bálsamos empleados en el proceso de momificación en el Antiguo Egipto eran una mezcla compleja de ingredientes provenientes de regiones lejanas. Muy pocas personas tenían acceso a los secretos de este proceso milenario, pero los avances científicos han permitido profundizar en la composición de estos bálsamos y revelar sus misterios.
El estudio se centró en la momia de Senetnay, una noble que vivió durante la XVIII dinastía egipcia, alrededor del 1450 a.C., y que fue la nodriza del faraón Amenhotep II. Sus órganos fueron momificados y colocados en vasijas canópicas descubiertas en el Valle de los Reyes en 1900, dos de las cuales se encuentran actualmente en el Museo August Kestner de Hannover, Alemania.
Utilizando tecnología de cromatografía de gases-espectrometría de masas, el equipo de científicos analizó los restos de sustancias encontradas en estas vasijas canópicas. Esto reveló una compleja mezcla de ingredientes, que variaban según el estatus social del difunto.
Los ingredientes incluían resina de alerce, pistacia, cumarina y posiblemente dammar. Además, los bálsamos analizados contenían cera de abeja, aceites vegetales, grasas animales, betún y resinas de coníferas, como pinos y alerces. También se identificó la presencia de cumarina, que tiene un aroma similar a la vainilla, y ácido benzoico, que se encuentra en resinas y gomas fragantes de diversos árboles y arbustos.
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Christian Loeben, conservador del Museo August Kestner, destacó que estos ingredientes exclusivos de la época temprana proporcionan una comprensión única de las sofisticadas prácticas de momificación y de las rutas comerciales utilizadas por el antiguo Egipto.
Este estudio también resalta las conexiones comerciales de los egipcios en el segundo milenio a.C., ya que los ingredientes utilizados en el bálsamo demuestran que los antiguos egipcios importaban materiales de otras regiones fuera de Egipto.
De esta manera, los científicos colaboraron con la perfumista francesa Carole Calvez y la museóloga sensorial Sofia Collette Ehrich para recrear el “aroma de la eternidad” basándose en sus hallazgos.
Este aroma será presentado en el Museo Moesgaard de Dinamarca en una próxima exposición que ofrecerá a los visitantes una experiencia sensorial única al permitirles experimentar un olor ambiental del antiguo Egipto y sumergirse en su historia cultural y espiritual.