Centros de datos para inteligencia artificial aumentan presión sobre recursos hídricos en zonas afectadas por sequía en Estados Unidos
La expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos está generando preocupación entre expertos ambientales debido al creciente consumo de agua asociado a los centros de datos que sustentan esta tecnología. Un reciente análisis reveló que la mayoría de las nuevas instalaciones previstas se construirán en regiones que han experimentado condiciones de sequía durante el último año.
Según los datos analizados, de los 809 centros de datos proyectados en el país, alrededor de 517 estarán ubicados en áreas afectadas por la sequía. Estas instalaciones desempeñan un papel clave en el funcionamiento de sistemas de inteligencia artificial, servicios en la nube y almacenamiento digital, pero requieren grandes cantidades de agua para enfriar los equipos informáticos y evitar el sobrecalentamiento.
La situación cobra especial relevancia en un contexto marcado por el aumento de eventos climáticos extremos. Investigaciones científicas han concluido que el cambio climático está intensificando la frecuencia, duración y severidad de las sequías en diversas regiones de Estados Unidos, lo que aumenta la presión sobre las fuentes de agua disponibles.
Las proyecciones indican que el consumo anual de agua de los centros de datos podría alcanzar los 73 mil millones de galones para el año 2028. Esta cifra representa un incremento significativo en comparación con los aproximadamente 17 mil millones de galones utilizados en 2023.
Organizaciones ambientales y especialistas han señalado la necesidad de desarrollar estrategias más sostenibles para el crecimiento de la infraestructura tecnológica. Entre las propuestas destacan la utilización de sistemas de enfriamiento más eficientes, el uso de agua reciclada y la construcción de instalaciones en regiones con mayor disponibilidad de recursos hídricos.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el avance tecnológico impulsado por la inteligencia artificial y la protección de los recursos naturales, especialmente en un escenario donde el acceso al agua se vuelve cada vez más vulnerable debido al cambio climático.
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