Putin, de 71 años, asumió la presidencia de Rusia por primera vez en 2000 y triunfó en cuatro elecciones presidenciales. Entre 2008 y 2012, ocupó el cargo de primer ministro en un sistema político con una oposición casi inexistente, tras años de represión.
Durante una ceremonia en el Kremlin, donde se otorgaron condecoraciones a militares, incluyendo a combatientes que participaron en la ofensiva en Ucrania iniciada por Putin en febrero de 2022, el mandatario declaró su intención de postularse nuevamente como presidente de Rusia: “En el pasado, tuve distintas perspectivas sobre este tema, pero ahora veo que no hay otra opción posible”.
Este anuncio, algo inusual, se filtró a la prensa rusa a través de un participante en la ceremonia, Artiom Zhoga, combatiente y miembro del Parlamento local ruso en Donetsk. Figuras prominentes del Parlamento ruso elogiaron las cualidades de Putin y su historial de asumir decisiones responsables.
En esta contienda, Putin no enfrenta a rivales significativos, ya que cinco grandes partidos pueden presentar candidatos sin necesidad de recolectar firmas, todos alineados con el Kremlin y a favor de la acción en Ucrania. Las elecciones están programadas del 15 al 17 de marzo, poco después del segundo aniversario del inicio del conflicto en Ucrania y la víspera del décimo aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia.
Grupos defensores de derechos humanos han denunciado irregularidades en elecciones pasadas y prevén que el trabajo de observadores independientes sea limitado.
La posibilidad de esta nueva candidatura de Putin se debe a una controvertida reforma constitucional aprobada en 2020. Esta enmienda le permite postularse en 2024 y, en caso de ganar, buscar la reelección en 2030, lo que le permitiría permanecer en el poder hasta 2036, cuando tendría 84 años.
Tras un difícil 2022 marcado por contratiempos militares y sanciones occidentales, Rusia se encuentra en una posición más favorable debido al fracaso de la contraofensiva de Ucrania en el verano boreal, así como a la disminución del respaldo de Estados Unidos y Europa a Kiev.
Casi todos los opositores prominentes, incluido el activista anticorrupción Alexéi Navalni, han sido encarcelados o han debido exiliarse. Además, cualquier crítica a la acción en Ucrania enfrenta fuertes represalias legales.