Estados Unidos hizo un llamado al gobierno de Corea del Norte para que evite acciones provocadoras y desestabilizadoras, luego de que Pyongyang lanzara un nuevo misil estratégico al mar Amarillo. El portavoz adjunto del Departamento de Estado, Vedant Patel, reiteró la solicitud de abstenerse de acciones provocativas y desestabilizadoras, instando a regresar a la diplomacia.

Patel subrayó la claridad de Estados Unidos respecto a la falta de intenciones hostiles hacia Corea del Norte y su disposición a la diplomacia sin condiciones. También informó que se están consultando con socios regionales, como Corea del Sur y Japón, para encontrar la mejor manera de involucrar al líder norcoreano, Kim Jong-un, en un proceso de paz y disuadirlo de comportamientos agresivos.

El portavoz estadounidense agregó que están dispuestos a entablar conversaciones profundas para abordar los riesgos militares y buscar una paz duradera en la península coreana, incluida la desnuclearización completa. Este llamado se produce después de que Corea del Norte confirmara el lanzamiento de prueba de un nuevo misil de crucero estratégico al mar Amarillo, evento previamente denunciado por el Ejército surcoreano. La prueba sigue a un lanzamiento de un misil hipersónico de alcance intermedio y combustible sólido hacia el mar de Japón, marcando el primer ensayo armamentístico norcoreano en 2024.

Recientemente, la Asamblea Suprema del Pueblo norcoreano aprobó la eliminación de comités para la reunificación, considerando a Seúl como el “mayor actor hostil” y acusándolo de aliarse con fuerzas externas, especialmente Estados Unidos. La península coreana se encuentra en un momento de alta tensión tras la rescisión del acuerdo intercoreano de 2018, destinado a reducir la presencia militar y los ejercicios en las áreas fronterizas. El Ejército surcoreano anunció que reanudará disparos de artillería y ejercicios en respuesta a las amenazas del Norte.

En una reunión parlamentaria la semana pasada, Kim Jong-un propuso enmendar la Constitución para designar a Corea del Sur como el “principal enemigo” y anunció la renuncia a la política de reconciliación y unificación con el país vecino.

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