El costo real de la guerra de Estados Unidos en Irán podría ser mucho más elevado de lo que se ha informado públicamente. De acuerdo con funcionarios estadounidenses familiarizados con evaluaciones internas, el gasto total del conflicto se aproxima a los 50.000 millones de dólares, una cifra que duplica la estimación presentada recientemente por el Pentágono ante el Congreso.

Durante una audiencia en el Capitolio esta semana, un representante del Pentágono señaló que la operación militar, denominada Operation Epic Fury, tenía un costo aproximado de 25.000 millones de dólares. Sin embargo, esa cifra no incluye pérdidas clave como equipos destruidos, daños a instalaciones militares ni otros gastos logísticos asociados al conflicto.

El tema fue abordado en medio de la defensa del presupuesto de defensa estadounidense, valorado en 1,5 billones de dólares, encabezada por el secretario de Defensa Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine. Ambos comparecieron ante legisladores para justificar el gasto militar, mientras crecían las dudas sobre el verdadero costo de la guerra.

Una de las principales razones de la diferencia entre las cifras oficiales y las estimaciones internas radica en el alto consumo y pérdida de armamento. Por ejemplo, el Pentágono ha perdido al menos 24 drones MQ-9 Reaper, aeronaves no tripuladas de alta tecnología cuyo valor supera los 30 millones de dólares por unidad. Este tipo de pérdidas evidencia la rapidez con la que los costos pueden escalar en un conflicto prolongado.

Además del equipo destruido, otros gastos menos visibles también impactan significativamente el presupuesto. Entre ellos se encuentran los costos de reposición de municiones, el mantenimiento de tropas desplegadas y el consumo de combustible. Según expertos, el uso intensivo de aviones, buques y vehículos militares incrementa considerablemente el gasto operativo diario.

El contralor interino del Pentágono, Jules Hurst, reconoció ante el Senado que algunos costos, como la construcción y mantenimiento de bases militares, son difíciles de estimar debido a la incertidumbre sobre la duración del conflicto y la futura presencia militar en la región. Estas variables complican la elaboración de un cálculo preciso del gasto total.

Las dudas sobre la cifra oficial también fueron expresadas por legisladores. El senador demócrata Chris Coons cuestionó abiertamente la estimación de 25.000 millones de dólares, señalando que probablemente no incluye el costo de mantener tropas en la zona ni otros gastos logísticos acumulados durante meses. En la misma línea, el senador Richard Blumenthal solicitó mayor claridad sobre los componentes del cálculo presentado por el Departamento de Defensa.

Expertos en seguridad y defensa coinciden en que el impacto económico de la guerra va más allá del gasto militar directo. Mark Cancian, asesor del Center for Strategic and International Studies, explicó que conflictos de esta naturaleza generan costos adicionales en múltiples áreas, incluyendo el aumento del precio del combustible y otros recursos estratégicos.

El conflicto también está teniendo repercusiones directas en la economía de los ciudadanos estadounidenses. Durante una audiencia en el Congreso, el representante Ro Khanna preguntó cuánto impactará la guerra en el costo de vida, especialmente en productos como gasolina y alimentos. Aunque no hubo una respuesta concreta por parte del secretario Hegseth, diversos análisis apuntan a un incremento significativo en los gastos domésticos.

El American Enterprise Institute estima que el aumento en los precios del combustible y los fertilizantes podría representar un gasto adicional de aproximadamente 150 dólares mensuales por hogar en Estados Unidos. Este impacto refleja cómo los conflictos internacionales pueden trasladarse rápidamente a la economía cotidiana.

A largo plazo, la reposición del armamento utilizado también representará un desafío. Según Cancian, podrían pasar varios años antes de que los niveles de municiones regresen a los estándares previos al conflicto, los cuales ya eran considerados limitados antes del inicio de las hostilidades.

En este contexto, analistas advierten que tanto Estados Unidos como Irán enfrentan presiones económicas derivadas de la guerra. El elevado costo financiero, sumado a las consecuencias sociales y políticas, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del conflicto en el tiempo.

Mientras continúan las operaciones militares, el debate sobre el verdadero costo de la guerra sigue creciendo en Washington, con llamados a una mayor transparencia y a una evaluación más completa del impacto económico que enfrenta el país.

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