El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha logrado fortalecer significativamente su control sobre el país desde la pandemia de COVID-19, consolidándose como la figura más poderosa en la historia reciente de la nación, según diversos análisis y testimonios recopilados por expertos.

Durante los primeros años de la crisis sanitaria, Kim reconoció públicamente las dificultades que enfrentaba el país, entre ellas la escasez de alimentos, las sanciones internacionales y los efectos económicos derivados del aislamiento. Sin embargo, con el paso del tiempo, el gobierno norcoreano aprovechó las restricciones y medidas de control para reforzar su autoridad y limitar aún más la influencia externa.

Analistas señalan que, además de endurecer el control interno, Corea del Norte ha fortalecido su posición en el escenario internacional gracias al desarrollo de su programa nuclear y al estrechamiento de relaciones con otros actores estratégicos. Esta situación ha llevado a que el país sea considerado por muchos observadores como una potencia nuclear de facto.

Investigaciones basadas en testimonios de desertores, documentos filtrados y el seguimiento de medios estatales indican que el liderazgo de Kim ha experimentado una transformación notable desde los momentos más difíciles de la pandemia. No obstante, informes también señalan que persisten problemas económicos y condiciones de pobreza en varias regiones fuera de la capital, Pyongyang.

Mientras el gobierno destaca avances políticos y estratégicos, organizaciones y expertos continúan observando con atención la situación de los derechos humanos y las condiciones de vida de la población norcoreana.

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