Un estudio reciente sugiere que aquellos que son madrugadores podrían haber heredado variantes genéticas de los neandertales. Estas variantes del ADN, según la investigación publicada en Genome Biology and Evolution, aumentan la probabilidad de ser madrugador en lugar de noctámbulo. Esta adaptación se vincula con la capacidad de anticipar y ajustarse a las variaciones estacionales de luz, una habilidad particularmente útil en latitudes más altas, donde los neandertales evolucionaron durante largo tiempo.
Los primeros Homo sapiens, que surgieron en África, podrían haber adquirido estas adaptaciones de ADN al migrar hacia latitudes más septentrionales y mezclarse con los neandertales. Este legado genético puede aún influir en el reloj biológico humano, determinando si una persona es más activa por la mañana o por la noche.
El estudio comparó el ADN de humanos modernos con el de neandertales y un grupo cercano, los denisovanos, identificando diferencias significativas en genes relacionados con el ritmo circadiano. Además, al analizar el ADN de individuos actuales, encontraron que aquellos con fragmentos de ADN neandertal tienden a ser madrugadores.
Estas investigaciones sobre la herencia genética de los humanos antiguos revelan conexiones con aspectos de la salud actual. Por ejemplo, se ha identificado que ciertos ADN neandertales influyen en la respuesta a enfermedades como el COVID-19 y en condiciones médicas como la enfermedad de Dupuytren, evidenciando la persistente influencia de nuestros ancestros remotos en nuestra biología contemporánea.