Unas vacaciones de verano en un complejo turístico de La Ceiba, Atlántida, se convirtieron en una pesadilla para la familia de Flor María Sosa.
Su hija de 16 años de edad fue abusada sexualmente por varios sujetos en el interior del populoso negocio, cuyo nombre no ha sido revelado.
La progenitora narró que envió a su hija a buscar a un sobrino, quien regresó sin la menor y sin haberla visto.
“Al ver que mi hija no regresa y como ya era la hora aproximadamente del almuerzo, procedimos a llamarla”, continuó diciendo Sosa.
Cuando la llamaron, el teléfono estaba apagado, despertando su preocupación por desconocer el paradero de la menor.
Tras varios minutos la progenitora recibió una llamada, informándole que la adolescente había sido ubicada en una de las villas.
“En un momento me molesté mucho porque pensé que había sido una irresponsabilidad de parte de mi hija, sin embargo, cuando llegue a la villa donde estaba, la encontré en un estado deplorable junto a las personas que la habían rescatado”, prosiguió.

Vencida por el llanto, al recordar cuando miró a su hija en un estado de shock y con su ropa de baño de forma extraña.
“Yo miro a mi hija y fue tan fuerte la escena, noté que ella tenía la parte inferior del traje de baño dada vuelta, entonces le digo yo a mi pariente, tengo que revisar a mi hija; pero antes ella me decía: mamá escúchame por favor te voy a contar lo que pasó, escúchame por favor, ellos me decían que se me va a olvidar por favor grábame, entonces yo medio cierro la puerta veo donde está la niña, pues me encuentro con que hay un sangrado en las partes íntimas de mi hija”, dijo.
A pesar de tener identificados a los agresores el Ministerio Público no ha emitido los requerimiento fiscales, ni una retención para iniciar con el proceso investigativo.
Sosa, pide se haga justicia y la violación en contra su hija no quede en la impunidad.