Mercurio es un planeta desértico y abrasador con temperaturas que alcanzan los 430 ºC durante los 59 días terrestres que dura su año. La misión Mariner 10 de la NASA, en 1974, reveló que Mercurio estaba experimentando contracción, evidenciada por imponentes pendientes llamadas “escarpas” en todo el planeta. Estas escarpas se forman debido a fallas, conocidas como “empujes”, que surgen mientras el planeta se contrae por el enfriamiento térmico.
La contracción interior de Mercurio provoca una disminución de la superficie de su corteza, generando “fallas de empuje”. Esto se asemeja a las arrugas en una manzana envejecida, pero a diferencia de una manzana que se encoje por deshidratación, Mercurio se encoge debido a la contracción térmica interna. En 2014, se estimó que el planeta se había contraído alrededor de 7 kilómetros, y la observación de cráteres en su superficie proporciona pistas sobre cuándo ocurrió esta contracción.
A pesar de que ciertos cráteres han experimentado disminución debido a la contracción, la existencia de cráteres sobre escarpas sugiere que estos impactos ocurrieron posteriormente al desplazamiento de la corteza causado por las fallas. Los astrónomos concluyeron que las escarpas tenían aproximadamente 3.000 millones de años. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience sugiere que la contracción de Mercurio aún no ha concluido, ya que el planeta sigue enfriándose en la actualidad.