En el corazón de Seúl, más de 100 personas se reunieron este fin de semana para participar en una competencia poco común en una de las sociedades más aceleradas del mundo: el Space-out Competition. Durante 90 minutos, los concursantes se sentaron en silencio, sin hablar, revisar sus teléfonos ni dormir, en un intento por desconectarse completamente del estrés cotidiano.

Este insólito evento, celebrado desde 2014 y organizado por el Gobierno de la ciudad, busca premiar algo que en la vida moderna suele considerarse una pérdida de tiempo: la inactividad. No se trata solo de relajarse, sino de convertir el descanso en una forma de arte y una declaración contra la cultura del rendimiento constante.

De entre más de 4.000 solicitantes, solo 117 fueron seleccionados. Todos fueron monitoreados por su ritmo cardíaco mientras el público votaba por sus favoritos. El ganador se determinó entre los diez más votados, basándose en quién mantuvo la frecuencia cardíaca más estable.

Entre los participantes estuvo Kwak Yoon-gy, medallista olímpico en patinaje de velocidad, quien quedó en tercer lugar. “Durante tres décadas no me permití descansar”, confesó. “Esto es justo lo que necesitaba”. También participó Kim Seok-Hwan, un joven creador de contenido, quien vio en el certamen una oportunidad para liberar tensiones acumuladas.

La idea original nació de Woopsyang, una artista visual que experimentó un severo agotamiento. Al reflexionar sobre su ansiedad por no “hacer nada”, comprendió que muchas personas sienten lo mismo. Así fue como convirtió el “no hacer nada” en una experiencia colectiva con valor artístico y terapéutico.

Este año, el primer lugar fue para Kwon So-a, una locutora independiente con varios empleos. “En Corea, muchas personas sienten que si se detienen, se quedarán atrás”, dijo tras recibir su trofeo con forma de “El Pensador”. Para ella, desacelerar no solo es válido, sino necesario: “El cuerpo se relaja solo cuando el cerebro también lo hace”.

La competencia, que ya se ha replicado en ciudades como Beijing, Tokio y Róterdam, continúa expandiendo su mensaje: en un mundo que no se detiene, parar también es avanzar.

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