El 20 de abril de 1972, el astronauta Charles Duke se convirtió en la décima persona en caminar sobre la Luna y en el más joven en lograrlo, con tan solo 36 años, durante la misión Apollo 16.
Más allá de los objetivos científicos de la misión, Duke protagonizó un gesto personal que trascendió en la historia espacial. Antes de abandonar la superficie lunar, dejó una fotografía familiar protegida en plástico sobre el suelo polvoriento de las tierras altas de Descartes. En la imagen aparecía junto a su esposa, Dorothy, y sus dos hijos, Charles III y Thomas.
En la parte posterior del retrato, el astronauta escribió un mensaje que reflejaba el significado del momento: “Esta es la familia del astronauta Duke del planeta Tierra. Llegamos a la Luna en abril de 1972”. La fotografía también llevaba las firmas y huellas dactilares de cada miembro de su familia, convirtiéndola en un símbolo íntimo de su experiencia.
La idea surgió como una forma de involucrar a sus hijos en la misión, luego de años de entrenamiento que lo mantuvieron alejado de su hogar. Duke incluso documentó el momento tomando una imagen del retrato sobre la superficie lunar, como prueba de que había cumplido su promesa.
Más de cinco décadas después, la fotografía permanece en la Luna, aunque expertos consideran que las extremas condiciones del entorno —con temperaturas que varían drásticamente entre el día y la noche— probablemente han deteriorado la imagen hasta hacerla irreconocible.
Aun así, este gesto sigue siendo uno de los actos más humanos de la exploración espacial, recordando que, incluso en los logros más extraordinarios, persisten los vínculos familiares.
Eclipse lunar total tiñe el cielo con una “Luna de sangre” visible en varias regiones