La Agencia Espacial Europea (ESA) supervisa de cerca el reingreso del satélite ERS-2 a la Tierra, con una masa estimada de más de 2.200 kilogramos, se espera que entre en la atmósfera terrestre en las primeras horas del 21 de octubre.

El ERS-2, lanzado inicialmente el 21 de abril de 1995, ha sido una pieza vital en el arsenal de observación terrestre de la ESA durante décadas. Junto con su gemelo, el ERS-1, ha recopilado datos cruciales sobre nuestro planeta, desde la topografía de los casquetes polares hasta la dinámica de los océanos, pasando por la vigilancia de desnastres naturales como inundaciones y terremotos. 

Sin embargo, en 2011, la ESA tomó la decisión de retirar el satélite de la órbita activa, optando por una desorbitación controlada en lugar de contribuir a la creciente cantidad de desechos espaciales que rodean nuestro planeta. 

Tras una serie de maniobras cuidadosamente calculadas, el ERS-2 fue colocado en una trayectoria descendente que eventualmente lo llevaría de regreso a la atmósfera terrestre.

Ahora, más de una década después, el momento ha llegado, a medida que el ERS-2 se precipita hacia la Tierra a una velocidad increíble, se desconoce el lugar y momento exacto en que entrará a la atmósfera.

Además, la actividad solar impredecible hace más compleja la situación, ya que las fluctuaciones en la densidad atmosférica pueden influir en la trayectoria del satélite mientras se precipita hacia su final.

A pesar de las precauciones y la vigilancia continua por parte de la ESA y la comunidad internacional, siempre existe un riesgo asociado con el reingreso de objetos espaciales de gran tamaño.

No obstante, las probabilidades de que estos fragmentos representen una amenaza para la población son extremadamente bajas, apuntó la agencia, y estimó que las posibilidades de que una persona resulte herida por desechos espaciales son mucho menores que las de sufrir un accidente en el hogar.

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