El gobierno de Suecia impulsa un cambio en su sistema educativo al reforzar el uso de libros, papel y bolígrafos en las aulas, con el objetivo de mejorar los niveles de alfabetización entre los estudiantes.

La medida busca revertir una tendencia a la baja en la comprensión lectora y escritura, tras años en los que las herramientas digitales dominaron el entorno escolar. Desde finales de la década de 2000, el uso de computadoras portátiles y plataformas virtuales se volvió habitual en los centros educativos del país, llegando a que en 2015 cerca del 80% de los alumnos de secundaria contaran con un dispositivo digital propio financiado por el Estado.

Sin embargo, recientes evaluaciones han llevado a las autoridades a reconsiderar este modelo. En instituciones como un instituto en Nacka, en las afueras de Estocolmo, los estudiantes han comenzado a notar el cambio: ahora reciben materiales impresos y utilizan con mayor frecuencia libros de texto tradicionales en lugar de plataformas digitales.

Algunos alumnos han señalado que vuelven a casa con cuadernos y documentos físicos, algo menos común en años anteriores. Profesores también han optado por imprimir contenidos para las clases, mientras que en materias como matemáticas se ha reducido el uso de herramientas digitales en favor de métodos convencionales.

La decisión ha generado debate. Empresas tecnológicas, educadores y expertos en informática han expresado preocupación por el posible impacto en las habilidades digitales de los estudiantes, advirtiendo que podría afectar su preparación para el mercado laboral y tener consecuencias en la competitividad económica del país.

Por otro lado, autoridades educativas defienden la medida como un equilibrio necesario, señalando que el objetivo no es eliminar la tecnología, sino complementar su uso con herramientas tradicionales que fortalezcan habilidades básicas.

Este giro en la política educativa refleja un esfuerzo por encontrar un punto medio entre la innovación digital y los métodos clásicos de enseñanza, en un contexto donde el rendimiento académico y la calidad educativa siguen siendo prioridades clave para Suecia.

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